Robert Martínez


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“Conocí a los espartanos en enero de 2022. Era mi primera manifestación en Barcelona y al llegar a Plaza Universidad me sorprendió ver a aquellos tipos ataviados con cascos y capa roja desprendiendo tan buen humor.

Se colocaron todos al inicio de la manifestación y con tambores y consignas rimbombantes dirigieron la marcha con un tono muy distinto al que había observado en otras marchas multitudinarias.

Lejos quedaban las caras desencajadas por la rabia y los enfrentamientos con la policía. El objetivo era crear un buen ambiente entre los asistentes más que un clima de guerra. Irónicamente, el disfraz de guerreros creaba una distensión psicológica entre los asistentes. Para algunos les restaba seriedad a las reivindicaciones. Para otros, entre los que me incluyo, le daban un aire fresco y más acorde a los tiempos modernos.

Dado que las manifestaciones en contra de la Plandemia o de la corrupción no aparecen en los medios de desinformación resulta imprescindible desarrollar otras estrategias comunicativas, así como lazos de cohesión entre los asistentes.

Tomarse a uno mismo demasiado en serio genera mucha resistencia entre quienes nos miran desde afuera e incrementa la tensión entre los que están dentro. La sátira, sin embargo, constituye un excelente blindaje contra aquellos estamentos cuya principal arma de desacreditación consiste en ridiculizar a quienes denuncian.

Presentarse a uno mismo en torno abiertamente burlesco les desarma por completo. El bufón de la corte es el único que puede decirle al rey que anda desnudo.

En una manifestación de marzo los espartanos organizaron una performance en la que colocaron las letras de “Expediente Royuela” delante de una conocida emisora de radio, provocando la algarabía entre los asistentes y llevándonos a todos al clímax del encuentro.

Allí se gestó simbólicamente lo que luego sería la primera manifestación formal sobre el Expediente en Madrid, donde ya me uní a los espartanos y pude formar equipo con ese excelente grupo de personas. Bartolomé, Juan y Bernardo son las primeras espadas del grupo y, al conversar largo y tendido con ellos en los largos trayectos en coche, pude comprobar que son excelentes personas con una formación vital, psicológica y espiritual fuera de lo común.

Siempre piensan y actúan en positivo, son valientes y generosos, gozan de una gran inteligencia emocional y además comprenden muy bien las leyes invisibles que gobiernan el mundo en el que vivimos y que son básicas para manifestar en la realidad lo que queremos. Un equipo del que uno puede sentirse arropado y orgulloso a partes iguales. Y en el que espero que cada día se unan más miembros.”


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